domingo, 25 de enero de 2009

Me hacía falta

Esta mañana llevé a mi hijo pequeño en la bici a dar un paseo.
Cuando salimos de casa ya llovía y él, el pobre, iba sentado en la silla de atrás, sin muchas posibilidades de negarse pero después de todo, contento. Lloviznó todo el tiempo y por ello no fue un paseo largo. De hecho, tuvimos que resguardarnos de un tormentón bajo un providencial techo durante un buen rato hasta que aflojó un poco. Los dos volvimos a casa mojados. Más bien muy mojados. Empapadísimos. Pipando.
Y fueron esa lluvia fría, tanta agua y tanto viento frío, y ver que mi niño iba disfrutando igual o más que yo, fueron esas cosas, decía, las que me han limpiado el corazón y el alma hoy.
Me hacía falta.

viernes, 23 de enero de 2009

Puedes contar conmigo

Ayer te felicité y te dije que podías contar conmigo.

“Compañera
usted sabe
que puede contar
conmigo
no hasta dos
ni hasta diez
sino contar
conmigo.

Pero hagamos un trato
yo quisiera contar
con usted

y cuando digo esto
quiero decir contar
aunque sea hasta dos
aunque sea hasta cinco
no para que acuda
presurosa en mi auxilio
sino para saber
a ciencia cierta
que usted sabe
que puede
contar conmigo”
(de Mario Benedetti)


No está completo, pero no quise incomodarte, y no quiero, por nada del mundo, que lo me queda se estropee más. Me diste las gracias. Te prometí cien años de amistad y restan noventa y ocho. Espero que tuvieras un buen día.

No puedo dejar de pensarte. Pasa un segundo y pienso en ti. Pasa un minuto y aún te pienso. Pasa una hora y sigo aún. Y pasan los días. Las semanas. Y pasan los meses. Pensando en ti. Juego con mis hijos. Pienso en ti. Y a veces, beso y pienso en ti.

Fue hace ya tanto tiempo… más de un año ya. A la vuelta de aquellas vacaciones nos saludamos con dos besos muy alegres, con esos besos que se usan en las oficinas y entre conocidos y entre amigos. En mi mesa había dejado una bolsa de sorpresas como yo le dejé a ella cuando me fui. Con un libro que me dejó sorprendido y encantado. Días después le dije que en nuestro reencuentro había echado en falta algo. “¿Qué?”, me preguntó. “Un beso, en vez de dos”. Sonrió. Aquel día, con algo de miedo, muchas dudas, algunos nervios y muchísimo cariño nos besamos. Un beso despacito.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Me dejaré dormir

(Me siento ya tan cansado / -cansado de estarlo tanto-, José Bergamín)

Me siento ya tan cansado
-cansado de estarlo tanto-
que dejo enterrada mi voz
y dejo sin voz mi llanto

en mi soledad entierro
soñando, mi desencanto
y vuelvo a morir cansado
cansado de amarte cuánto


Hoy me siento muy cansado. Esta situación en la que vivo, este sinsentido permanente me deja realmente cansado. Cansado de esperar con ansia una mirada, una sonrisa, una palabra y de pedirlas con una sonrisa, con una palabra o con una mirada. Cansado de saberte perdida. De saber que posiblemente sea mejor así.
Esta constante angustia cansa. Y ahora no sé qué hacer con tantos besos que guardé en mis bolsillos.
Me dejaré dormir.

viernes, 12 de diciembre de 2008

Una nube de calma

Llora la luna
la de noviembre
no tiene, niña
luz suficiente

Ríe la luna
la de diciembre
blanca de risas
resplandeciente

Luna creciente
no dejes, vida
que el dolor siembre
ni nos desuna


Llevo unos días alegres. ¿Será que al fin estoy entendiendo cómo deben ser las cosas? ¿Será que finalmente mi yo, mi razón, mi corazón y mi pasión van a ponerse de acuerdo? O será como otras veces, un espejismo, solo una nube de calma, un respiro...

domingo, 7 de diciembre de 2008

Y duele tanto

Qué importa si una nube se deshace
en lluvia de mil dulces mazapanes,
o si un ramo de rojos tulipanes
en blancos azahares se renace

O que un beso de espuma al aire trace
caricias de colores azafranes,
que un ciento de temibles huracanes
en un soplo de aliento se atenace

Qué importa que tu voz me hiciera fuego
si esta luz de tu alma me silencia
y a mi oscuro silencio me doblego

O qué importa si entierro en tu presencia
mi roto corazón, si luego entrego
vida y llama a tu fiel indiferencia.

Y duele tanto. La indiferencia duele tanto que es dolor sobre dolor lo que ya duele. Que el dolor de sentir lo que no siente duele más que el dolor de lo sentido.

Durante unos días de vacaciones sentí por primera vez la angustia de una pérdida que poco imaginaba se haría cotidiana mucho más adelante. Pero en aquellos días necesitábamos vernos, escribirnos, con decenas de correos que poco a poco fueron adentrándose en lo que ambos sentíamos por el otro. Muy poco a poco. Con un poquito de humor y otro poquito de miedo. Pero muy poco a poco. Un día le dí un vale por un beso, para que lo cobrase alguna vez si así quisiera. Otro día, ella me dio un vale por un beso.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Como una vez te dije y no querías

Hace casi un año que comenzó tu ausencia. Y volviste. Para seguir ausente.
“Y ojalá me equivocara, pero en todo este tiempo he ido percibiendo como te alejabas de mi cada vez un poco más. Qué lejos de mi, y estás tan cerca. No puedo explicarte cómo me he ido sintiendo todo este tiempo. Ojalá me equivocara. Ojalá no te hayas alejado mas que en mi imaginación, que algún día acallaré para que no me mate a disgustos. Y ojalá aún quisieras saber de mi y pudiera volver a decirte las cosas tal como me pasan por la cabeza, el corazón o los dedos. O al menos, ojalá me dijeras que me deje de tonterías y te cuente cosas y me cuentes. Y si así no fuera y tienes que decirme lo que no quiero, dímelo bajito, que casi no me entere.

A fuerza de días, he ido grabando en mi cabeza, en mi corazón, a puñaladas, a hierro, que ni yo ni mi vida significan ya apenas nada para ti. Y ni tanto café, ni la música, ni los libros, ni el sol, ni mis montañas han podido evitar que me encontrara angustiado, con una angustia y una tristeza que han llenado todos estos días y estas noches. He tratado siempre de no hablar de más, de no molestarte de más, de no escribirte de más, para no inmiscuirme en tu mundo, que haces tuyo y no mío con los silencios. Y me he dado cuenta de que al final, he grapado mi boca como una vez te dije y no querías…”

martes, 2 de diciembre de 2008

Este corazón loco

Me pregunto si uno puede enterrar el corazón. Taparlo con tanta amargura que deje de calentar. A lo mejor así, bien enterrado, se puede respirar mejor. O al menos respirar.
Yo he llegado a la conclusión de que mi corazón es un rebelde. No hay razón que lo acalle. Ni odio que se le acerque. La indiferencia pasa de largo, indiferente. Y él, mi corazón, sigue funcionando apasionado. No puedo con él. Y él va a poder conmigo.

No pasaba un segundo del día sin que pensara en Ilia. Creo que a ella le pasaba algo parecido. Claro que ambos teníamos muchas ocupaciones, cada uno en nuestro mundo, pero a cada paso, cada cosa que veía, cada olor, cada risa me llevaban a ella. Era verano.

lunes, 24 de noviembre de 2008

Dos

Dos manos, dos muñecas, dos pulmones,
dos piernas, dos orejas, dos rodillas,
dos labios que a propósito acuchillas
dejando al descubierto mil pasiones

Dos hombros, dos meñiques, dos riñones,
dos puños, dos talones, dos mejillas,
dos ojos que se mueren cuando brillas
de oscuro sol y negros nubarrones

Dos mañanas de cielo amanecido,
dos sendas que malvivo sin perdones
que duelen y me dejan malherido

No me importa morir de imperfecciones
si es que en vez de tenerlo dividido
pudiera, Dios, tener dos corazones

Hay caminos que se escogen sin querer, sin pensar o sin imaginar siquiera. Caminos que no buscas pero que llegan a ti como si te buscaran, aunque en el fondo sepas que son algo fortuito, cuestión de coincidencias. No sé si se pueden andar dos caminos a la vez. Dos caminos a seguir, un solo corazón para compartir y un solo corazón con el que caer con las piedras del camino. De dos caminos.

Ilia descubrió en mi a alguien que la sorprendía. Sin embargo era ella para mi alguien sorprendente. Disfrutaba viéndola reir con mis tonterías escritas. Disfrutaba intercambiando fotos, historias, chocolatinas y sentimientos. Sentía una verdadera necesidad de ella. Y creo que era ella la que me hacía brillar en ciertos aspectos. Como un cristal reflejando la luz. Pero durante todo el tiempo tuvimos presente que era algo que no podía llegar más allá de cierto punto. Un punto que estaba por definir, pero ambos sabíamos que existía. Que queríamos que existiera. Un día respiré su cuello, casi rozándolo con los labios.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Morir de verte

No puedo respirar, aire no llega
al centro de mi alma, a mis pulmones,
se ahoga el corazón sin condiciones,
se anuda mi valor, mi voz se ciega

Me inunda la pasión y roja anega
el último rincón de mis rincones,
no atiende mi razón a mis razones
ni entiende la razón que el cuerpo alega

Ya paran, no redoblan ya tambores,
mi aliento se hace aire y quedo inerte
descansa pues mi vista a tus colores

Quisiera no morir tras esta muerte
si tengo que elegir, prefiero amores,
mas puestos a morir, morir de verte.


Por mucho que lo intento una y otra vez, todos los días lo mismo. Tristeza y más tristeza. Amargura y amargura. Y nervios cada vez que noto que se acerca. Y alegría cuando tengo la ocasión de verla. O escucharla reir. Y más tristeza. Y amargura por su indiferencia. Y volver a verla. Y dolor de estómago. Y tristeza.

Ilia me gustaba ya antes de empezar a conocerla. Pero era una de esas cosas que uno piensa sin pensar, sin apenas tenerlas en cuenta. Hablar y hablar con ella me permitió descubrir a alguien realmente inteligente, con gran capacidad e interés por aprender y conocer cosas nuevas, de una ternura extrema, dura las menos veces y frágil algunas otras. Pero sobre todo, ella era feliz. O sabía serlo. Desbordaba de felicidad, de risas. Y me salpicaba con esa felicidad y esas risas. Yo sumaba esa felicidad a mi otras felicidades pequeñitas de mi vida real. Y era por esa felicidad por la que fui capaz de sentir cosas que no creía poder sentir, y fui capaz de expresarlas. Ella me escuchaba. Yo la escuchaba.

domingo, 2 de noviembre de 2008

Como olas de un mar en retirada

Como olas de un mar en retirada
presiento que mi alma se marchita
si siento que tu voz ya no me invita
y asolas mi razón con tu mirada

Como al sol has negado la morada
mi aliento así se nubla y no palpita,
como un viento que oscuro me limita
controlas mi palabra enamorada

En tierra negra encierro mi esperanza
que negra tiñe al cielo su alborada,
destierra el corazón a la añoranza

Si insolas con tu luz mi alma cansada,
si arbolas mi razón, mi amor avanza
como olas de un mar en retirada.


De casualidad, como han ocurrido la mayor parte de las cosas importantes en mi vida, fui conociendo más personalmente a Ilia. Nunca hubiera pensado que se fijara en mi. Por ninguna razón. Pero por casualidad le hablé. Por casualidad me habló. Y hablamos mucho. No siempre directamente porque el trabajo no lo permitía, pero sí mediante cartas, que se convirtieron en largas conversaciones de palabras escritas, de pasiones, temores, de risas escritas, un día tras otro. Ella una vez lo definió como complicidad. Yo no sabía cómo definirlo. Era una amistad cada vez más intensa. Limpia. Blanca. Fresca. Para mí era como tener todo el aire del mundo para respirar. Verla a diario, hacer volar las cartas de un lado a otro llevando nuestras vidas a los ojos del otro, sentir su sonrisa. Sus ojos. Nunca había visto unos ojos tan intensos, tan expresivos, tan profundos.

jueves, 30 de octubre de 2008

Hoy ha sido un día de ésos

Hoy ha sido más tranquilo. Desde hace alrededor de un año, los días no suelen ser tranquilos. Las noches tampoco. Pero cuando son, los respiro como si fueran aire, los bebo casi. Como agua fresca. Pasan sobre mí. Pasan los segundos, los minutos, y los voy respirando despacio.
Si no fuera por estos días despejados, claros, sin nubes, no podría respirar. Por eso, cuando estoy inmerso en esta tormenta mía casi permanente, y consigo pensar en que vendrá un día de aires y aguas que me darán de beber y respirar, en esos casos, entonces, antes o después, se abre el día. Y vivo un poco más tranquilo. Hoy ha sido un día de esos.

Yo trabajaba en una oficina pequeñita, casi solo, hasta que decidieron unificar personal. Y dejé de estar solo. Más o menos. Porque suelo necesitar demasiado tiempo para integrarme en los grupos. Y pasa demasiado tiempo antes de que nadie me conozca. Al menos para que me conozcan como yo creo que soy.
Así que durante un año y medio fui el chico serio y callado que pasaba de un sitio a otro con sus papeles, sus carteles y sus silencios. El típico invisible que en las reuniones no habla aunque hable y no se le oye aunque escuche y que hace el comentario que nadie entiende. En fin, no me quejo, soy así. Para mí, es cuestión de tiempo.
Allí no todo el mundo me caía igual de bien. En general sí, pero siempre prefería pararme a comentar algo o a charlar un poco con unos más que otros, o con unas más que otras. De algún trabajo anterior nació uno de mis mejores amigos, que tampoco son tantos. Y de éste, de éste han nacido los días más soleados y las tormentas más oscuras.

miércoles, 29 de octubre de 2008

Empezar por el principio

Una vez lo intenté. Sí.

Hace unos meses me planteé empezar a compartir. Pero no supe decidirme. Ahora sí lo hice. Decidirme, digo. Y no espero que nadie se interese. En realidad, sé que quien realmente me motivó, no va a hacerlo... ya lo tengo asumido. Pero también sé que la sola posibilidad de que alguien lo haga, de que alguien lea un poco de lo que pienso o siento o vivo, es lo que me ha llevado al final a empezar. ¿A empezar al final?

Olvídense los colombófilos, el nombre de este blog no tiene nada que ver con palomas, mensajeras o no, el nombre es sólo parte de esta historia que llegó a mi vida hace poco más de un año.