domingo, 7 de diciembre de 2008

Y duele tanto

Qué importa si una nube se deshace
en lluvia de mil dulces mazapanes,
o si un ramo de rojos tulipanes
en blancos azahares se renace

O que un beso de espuma al aire trace
caricias de colores azafranes,
que un ciento de temibles huracanes
en un soplo de aliento se atenace

Qué importa que tu voz me hiciera fuego
si esta luz de tu alma me silencia
y a mi oscuro silencio me doblego

O qué importa si entierro en tu presencia
mi roto corazón, si luego entrego
vida y llama a tu fiel indiferencia.

Y duele tanto. La indiferencia duele tanto que es dolor sobre dolor lo que ya duele. Que el dolor de sentir lo que no siente duele más que el dolor de lo sentido.

Durante unos días de vacaciones sentí por primera vez la angustia de una pérdida que poco imaginaba se haría cotidiana mucho más adelante. Pero en aquellos días necesitábamos vernos, escribirnos, con decenas de correos que poco a poco fueron adentrándose en lo que ambos sentíamos por el otro. Muy poco a poco. Con un poquito de humor y otro poquito de miedo. Pero muy poco a poco. Un día le dí un vale por un beso, para que lo cobrase alguna vez si así quisiera. Otro día, ella me dio un vale por un beso.

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