miércoles, 12 de noviembre de 2008

Morir de verte

No puedo respirar, aire no llega
al centro de mi alma, a mis pulmones,
se ahoga el corazón sin condiciones,
se anuda mi valor, mi voz se ciega

Me inunda la pasión y roja anega
el último rincón de mis rincones,
no atiende mi razón a mis razones
ni entiende la razón que el cuerpo alega

Ya paran, no redoblan ya tambores,
mi aliento se hace aire y quedo inerte
descansa pues mi vista a tus colores

Quisiera no morir tras esta muerte
si tengo que elegir, prefiero amores,
mas puestos a morir, morir de verte.


Por mucho que lo intento una y otra vez, todos los días lo mismo. Tristeza y más tristeza. Amargura y amargura. Y nervios cada vez que noto que se acerca. Y alegría cuando tengo la ocasión de verla. O escucharla reir. Y más tristeza. Y amargura por su indiferencia. Y volver a verla. Y dolor de estómago. Y tristeza.

Ilia me gustaba ya antes de empezar a conocerla. Pero era una de esas cosas que uno piensa sin pensar, sin apenas tenerlas en cuenta. Hablar y hablar con ella me permitió descubrir a alguien realmente inteligente, con gran capacidad e interés por aprender y conocer cosas nuevas, de una ternura extrema, dura las menos veces y frágil algunas otras. Pero sobre todo, ella era feliz. O sabía serlo. Desbordaba de felicidad, de risas. Y me salpicaba con esa felicidad y esas risas. Yo sumaba esa felicidad a mi otras felicidades pequeñitas de mi vida real. Y era por esa felicidad por la que fui capaz de sentir cosas que no creía poder sentir, y fui capaz de expresarlas. Ella me escuchaba. Yo la escuchaba.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Cuánta, Jose!

Es difícil hallar ya poetas que tejan así sus sonetos, en el que el contenido y en continente compartan su bella y difícil arquitectura a partes iguales.

Para mi has sido un verdadero descubrimiento. Mil gracias por arribar a mis playas pues me temo que con tu visita he salido ganando yo misma.

Te sigo.

jose dijo...

Gracias Auxi, aunque creo que lo de poeta me viene un poco grande.
Sigo siguiéndote desde que supe de tus playas. Con tu permiso. Y cuando deje de sentirme intimidado seguro que me verás más veces por allí. Con tu permiso.
Un saludo.

Emilio dijo...

Muy bueno el terceto final, Jose.

Y espero que la historia termine bien, o mejor dicho, que continúe bien.

Un saludo.