domingo, 24 de mayo de 2009

Tu risa

Que cuando vi volando la alegría
de la luz de la risa que volabas
sentí de mí volar, rotas las alas,
sombra tenaz de la tristeza mía.


viernes, 22 de mayo de 2009

Por eso no escribo

Llevo ya varios días detrás del tiempo, del perverso minutero que me incita a seguirle sin horas ni descanso. Ya no tengo un instante que permita un respiro de paz mientras intento bañar mi pensamiento en un remanso.

Si es que el tiempo no es mío, si ya lo dije –ahí quise decir digo y se hizo viejo- se me muere de pena y de gastado, de pasiones quizás, que no me quejo, mientras sigo empeñado en revivirle la palabra de amor a mi pasado.

Me dice hace poco una amiga –o digo mejor dicen, que son dos- ¿dicen dije? dijeron, que sigue el tiempo pasando. Dijeron, digo, que a veces los versos se hacen cárcel del pensamiento. Como es cárcel el amor o como la cárcel del tiempo. Tienen razón mis amigas aunque no estoy yo tan seguro de querer vivir sin tiempo, sin amor o sin poemas.

Por eso no escribo en verso. Y porque no tengo tiempo.

domingo, 10 de mayo de 2009

De madrugada

Hoy puse a secar al sol
-al sol del alma-
retales del corazón
que ayer lloraban

Hoy ya no dueles, mi amor
hoy todo es alba
como la nieve, tu voz,
que me quemaba

Que un ángel me visitó
de madrugada


Otra vez, como otras veces, hoy siento que lo consigo, que te mantengo a mi lado sin el dolor que acostumbro a sufrir... como otras veces.
Que siempre viene bien conversar con los amigos.

martes, 5 de mayo de 2009

Este negro sentir

Seis puñales de amor y viña pura
de dorado cristal, de sol y plata
acuchillan a sorbos mi sensata
razón que se hace amarga y torna oscura

Yo sé que es el alcohol esta negrura
de este negro sentir lo que me mata
que me ha partido en dos y me arrebata
el frágil desamor de mi armadura

No soporto este hondo escalofrío
que mi espíritu rompe y su cimiento
del cercano saberte entre el gentío

Doblemente sufriendo el desaliento
al llenarse mi copa del vacío
de tu marcha temprana y mi lamento


Ni siquiera un frío escaparate de risas entre albero y farolillos mantuvo mi interior a salvo de mi absurdo corazón aquella tarde. Luego... luego vinieron -refrescaba la noche- calma y vida, mis niños, mi amor... risas y besos, fresca la noche.