Dos manos, dos muñecas, dos pulmones,
dos piernas, dos orejas, dos rodillas,
dos labios que a propósito acuchillas
dejando al descubierto mil pasiones
Dos hombros, dos meñiques, dos riñones,
dos puños, dos talones, dos mejillas,
dos ojos que se mueren cuando brillas
de oscuro sol y negros nubarrones
Dos mañanas de cielo amanecido,
dos sendas que malvivo sin perdones
que duelen y me dejan malherido
No me importa morir de imperfecciones
si es que en vez de tenerlo dividido
pudiera, Dios, tener dos corazones
Hay caminos que se escogen sin querer, sin pensar o sin imaginar siquiera. Caminos que no buscas pero que llegan a ti como si te buscaran, aunque en el fondo sepas que son algo fortuito, cuestión de coincidencias. No sé si se pueden andar dos caminos a la vez. Dos caminos a seguir, un solo corazón para compartir y un solo corazón con el que caer con las piedras del camino. De dos caminos.
Ilia descubrió en mi a alguien que la sorprendía. Sin embargo era ella para mi alguien sorprendente. Disfrutaba viéndola reir con mis tonterías escritas. Disfrutaba intercambiando fotos, historias, chocolatinas y sentimientos. Sentía una verdadera necesidad de ella. Y creo que era ella la que me hacía brillar en ciertos aspectos. Como un cristal reflejando la luz. Pero durante todo el tiempo tuvimos presente que era algo que no podía llegar más allá de cierto punto. Un punto que estaba por definir, pero ambos sabíamos que existía. Que queríamos que existiera. Un día respiré su cuello, casi rozándolo con los labios.
lunes, 24 de noviembre de 2008
miércoles, 12 de noviembre de 2008
Morir de verte
No puedo respirar, aire no llega
al centro de mi alma, a mis pulmones,
se ahoga el corazón sin condiciones,
se anuda mi valor, mi voz se ciega
Me inunda la pasión y roja anega
el último rincón de mis rincones,
no atiende mi razón a mis razones
ni entiende la razón que el cuerpo alega
Ya paran, no redoblan ya tambores,
mi aliento se hace aire y quedo inerte
descansa pues mi vista a tus colores
Quisiera no morir tras esta muerte
si tengo que elegir, prefiero amores,
mas puestos a morir, morir de verte.
Por mucho que lo intento una y otra vez, todos los días lo mismo. Tristeza y más tristeza. Amargura y amargura. Y nervios cada vez que noto que se acerca. Y alegría cuando tengo la ocasión de verla. O escucharla reir. Y más tristeza. Y amargura por su indiferencia. Y volver a verla. Y dolor de estómago. Y tristeza.
Ilia me gustaba ya antes de empezar a conocerla. Pero era una de esas cosas que uno piensa sin pensar, sin apenas tenerlas en cuenta. Hablar y hablar con ella me permitió descubrir a alguien realmente inteligente, con gran capacidad e interés por aprender y conocer cosas nuevas, de una ternura extrema, dura las menos veces y frágil algunas otras. Pero sobre todo, ella era feliz. O sabía serlo. Desbordaba de felicidad, de risas. Y me salpicaba con esa felicidad y esas risas. Yo sumaba esa felicidad a mi otras felicidades pequeñitas de mi vida real. Y era por esa felicidad por la que fui capaz de sentir cosas que no creía poder sentir, y fui capaz de expresarlas. Ella me escuchaba. Yo la escuchaba.
al centro de mi alma, a mis pulmones,
se ahoga el corazón sin condiciones,
se anuda mi valor, mi voz se ciega
Me inunda la pasión y roja anega
el último rincón de mis rincones,
no atiende mi razón a mis razones
ni entiende la razón que el cuerpo alega
Ya paran, no redoblan ya tambores,
mi aliento se hace aire y quedo inerte
descansa pues mi vista a tus colores
Quisiera no morir tras esta muerte
si tengo que elegir, prefiero amores,
mas puestos a morir, morir de verte.
Por mucho que lo intento una y otra vez, todos los días lo mismo. Tristeza y más tristeza. Amargura y amargura. Y nervios cada vez que noto que se acerca. Y alegría cuando tengo la ocasión de verla. O escucharla reir. Y más tristeza. Y amargura por su indiferencia. Y volver a verla. Y dolor de estómago. Y tristeza.
Ilia me gustaba ya antes de empezar a conocerla. Pero era una de esas cosas que uno piensa sin pensar, sin apenas tenerlas en cuenta. Hablar y hablar con ella me permitió descubrir a alguien realmente inteligente, con gran capacidad e interés por aprender y conocer cosas nuevas, de una ternura extrema, dura las menos veces y frágil algunas otras. Pero sobre todo, ella era feliz. O sabía serlo. Desbordaba de felicidad, de risas. Y me salpicaba con esa felicidad y esas risas. Yo sumaba esa felicidad a mi otras felicidades pequeñitas de mi vida real. Y era por esa felicidad por la que fui capaz de sentir cosas que no creía poder sentir, y fui capaz de expresarlas. Ella me escuchaba. Yo la escuchaba.
domingo, 2 de noviembre de 2008
Como olas de un mar en retirada
Como olas de un mar en retirada
presiento que mi alma se marchita
si siento que tu voz ya no me invita
y asolas mi razón con tu mirada
Como al sol has negado la morada
mi aliento así se nubla y no palpita,
como un viento que oscuro me limita
controlas mi palabra enamorada
En tierra negra encierro mi esperanza
que negra tiñe al cielo su alborada,
destierra el corazón a la añoranza
Si insolas con tu luz mi alma cansada,
si arbolas mi razón, mi amor avanza
como olas de un mar en retirada.
De casualidad, como han ocurrido la mayor parte de las cosas importantes en mi vida, fui conociendo más personalmente a Ilia. Nunca hubiera pensado que se fijara en mi. Por ninguna razón. Pero por casualidad le hablé. Por casualidad me habló. Y hablamos mucho. No siempre directamente porque el trabajo no lo permitía, pero sí mediante cartas, que se convirtieron en largas conversaciones de palabras escritas, de pasiones, temores, de risas escritas, un día tras otro. Ella una vez lo definió como complicidad. Yo no sabía cómo definirlo. Era una amistad cada vez más intensa. Limpia. Blanca. Fresca. Para mí era como tener todo el aire del mundo para respirar. Verla a diario, hacer volar las cartas de un lado a otro llevando nuestras vidas a los ojos del otro, sentir su sonrisa. Sus ojos. Nunca había visto unos ojos tan intensos, tan expresivos, tan profundos.
presiento que mi alma se marchita
si siento que tu voz ya no me invita
y asolas mi razón con tu mirada
Como al sol has negado la morada
mi aliento así se nubla y no palpita,
como un viento que oscuro me limita
controlas mi palabra enamorada
En tierra negra encierro mi esperanza
que negra tiñe al cielo su alborada,
destierra el corazón a la añoranza
Si insolas con tu luz mi alma cansada,
si arbolas mi razón, mi amor avanza
como olas de un mar en retirada.
De casualidad, como han ocurrido la mayor parte de las cosas importantes en mi vida, fui conociendo más personalmente a Ilia. Nunca hubiera pensado que se fijara en mi. Por ninguna razón. Pero por casualidad le hablé. Por casualidad me habló. Y hablamos mucho. No siempre directamente porque el trabajo no lo permitía, pero sí mediante cartas, que se convirtieron en largas conversaciones de palabras escritas, de pasiones, temores, de risas escritas, un día tras otro. Ella una vez lo definió como complicidad. Yo no sabía cómo definirlo. Era una amistad cada vez más intensa. Limpia. Blanca. Fresca. Para mí era como tener todo el aire del mundo para respirar. Verla a diario, hacer volar las cartas de un lado a otro llevando nuestras vidas a los ojos del otro, sentir su sonrisa. Sus ojos. Nunca había visto unos ojos tan intensos, tan expresivos, tan profundos.
jueves, 30 de octubre de 2008
Hoy ha sido un día de ésos
Hoy ha sido más tranquilo. Desde hace alrededor de un año, los días no suelen ser tranquilos. Las noches tampoco. Pero cuando son, los respiro como si fueran aire, los bebo casi. Como agua fresca. Pasan sobre mí. Pasan los segundos, los minutos, y los voy respirando despacio.
Si no fuera por estos días despejados, claros, sin nubes, no podría respirar. Por eso, cuando estoy inmerso en esta tormenta mía casi permanente, y consigo pensar en que vendrá un día de aires y aguas que me darán de beber y respirar, en esos casos, entonces, antes o después, se abre el día. Y vivo un poco más tranquilo. Hoy ha sido un día de esos.
Yo trabajaba en una oficina pequeñita, casi solo, hasta que decidieron unificar personal. Y dejé de estar solo. Más o menos. Porque suelo necesitar demasiado tiempo para integrarme en los grupos. Y pasa demasiado tiempo antes de que nadie me conozca. Al menos para que me conozcan como yo creo que soy.
Así que durante un año y medio fui el chico serio y callado que pasaba de un sitio a otro con sus papeles, sus carteles y sus silencios. El típico invisible que en las reuniones no habla aunque hable y no se le oye aunque escuche y que hace el comentario que nadie entiende. En fin, no me quejo, soy así. Para mí, es cuestión de tiempo.
Allí no todo el mundo me caía igual de bien. En general sí, pero siempre prefería pararme a comentar algo o a charlar un poco con unos más que otros, o con unas más que otras. De algún trabajo anterior nació uno de mis mejores amigos, que tampoco son tantos. Y de éste, de éste han nacido los días más soleados y las tormentas más oscuras.
Si no fuera por estos días despejados, claros, sin nubes, no podría respirar. Por eso, cuando estoy inmerso en esta tormenta mía casi permanente, y consigo pensar en que vendrá un día de aires y aguas que me darán de beber y respirar, en esos casos, entonces, antes o después, se abre el día. Y vivo un poco más tranquilo. Hoy ha sido un día de esos.
Yo trabajaba en una oficina pequeñita, casi solo, hasta que decidieron unificar personal. Y dejé de estar solo. Más o menos. Porque suelo necesitar demasiado tiempo para integrarme en los grupos. Y pasa demasiado tiempo antes de que nadie me conozca. Al menos para que me conozcan como yo creo que soy.
Así que durante un año y medio fui el chico serio y callado que pasaba de un sitio a otro con sus papeles, sus carteles y sus silencios. El típico invisible que en las reuniones no habla aunque hable y no se le oye aunque escuche y que hace el comentario que nadie entiende. En fin, no me quejo, soy así. Para mí, es cuestión de tiempo.
Allí no todo el mundo me caía igual de bien. En general sí, pero siempre prefería pararme a comentar algo o a charlar un poco con unos más que otros, o con unas más que otras. De algún trabajo anterior nació uno de mis mejores amigos, que tampoco son tantos. Y de éste, de éste han nacido los días más soleados y las tormentas más oscuras.
miércoles, 29 de octubre de 2008
Empezar por el principio
Una vez lo intenté. Sí.
Hace unos meses me planteé empezar a compartir. Pero no supe decidirme. Ahora sí lo hice. Decidirme, digo. Y no espero que nadie se interese. En realidad, sé que quien realmente me motivó, no va a hacerlo... ya lo tengo asumido. Pero también sé que la sola posibilidad de que alguien lo haga, de que alguien lea un poco de lo que pienso o siento o vivo, es lo que me ha llevado al final a empezar. ¿A empezar al final?
Olvídense los colombófilos, el nombre de este blog no tiene nada que ver con palomas, mensajeras o no, el nombre es sólo parte de esta historia que llegó a mi vida hace poco más de un año.
Hace unos meses me planteé empezar a compartir. Pero no supe decidirme. Ahora sí lo hice. Decidirme, digo. Y no espero que nadie se interese. En realidad, sé que quien realmente me motivó, no va a hacerlo... ya lo tengo asumido. Pero también sé que la sola posibilidad de que alguien lo haga, de que alguien lea un poco de lo que pienso o siento o vivo, es lo que me ha llevado al final a empezar. ¿A empezar al final?
Olvídense los colombófilos, el nombre de este blog no tiene nada que ver con palomas, mensajeras o no, el nombre es sólo parte de esta historia que llegó a mi vida hace poco más de un año.
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