Malditas sean mi alma y mi ternura
maldita mi pasión desprevenida
maldita mi esperanza desvivida,
mi verso, mi palabra, mi tortura
Malditos sean mi amor y mi locura
maldita mi memoria detenida
maldita mi constancia sin medida,
mi sueño, mi tristeza y mi amargura
Mal valen ya mis huesos y mi historia
ardiendo desde el foso de mi pena,
infierno de mi paz contradictoria
Maldito he de pagar con mi condena
recóndita traición, miel ilusoria
dulce mi corazón, hiel y cangrena
Creo que la palabra puede ser como el amor, que a veces lleva a dios hasta tu lado y a veces hace que asomes al infierno. A veces tengo dudas de si acaso me conviene, y a veces tengo claro que escribir es igual que dejar fuera de mi lo que mal vive, lo que duele o lo que creo, lo que sufro, lo que siento. Y al final, vuelvo.
Aquel momento mágico, aquella eternidad viva en un beso hizo que ambos quisiéramos saber, expresado entre palabras, hasta dónde, hasta cuánto. Y ambos elegimos parar en ese punto, guardarlo para siempre, sin poner en peligro lo que ya ambos teníamos. Yo tenía claro que prefería parar antes que perder su cómplice amistad o su sonrisa. Pero siguieron volando los besos de palabra, y al final de una semana de blancos besos y virtuales, volvimos a juntar pasión y alma en otro beso infinito de segundos.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

4 comentarios:
Aunque parezca maldita, esa poesía además de ser un grito de dolor es bella.
Y las palabras se utilizan para mostrar como nos sentimos.
Tu último párrafo me ha llegado al alma.
Me alegro de haberte hecho esta visita en este domingo gris y pasado por agua.
Un abrazo
La poesía es preciosa.
La reflexión, es lógica. Yo no puedo escribir triste ¿sabes? me empieza a invadir, no sé... quizá la tristeza esa que se lleva contenida, y se me desata :)
El párrafo final... transporta, emociona... no sé, es mágico.
Un beso grande.
Yo he sentido la necesidadd de escribirlo...
Gracias por vuestras visitas, vuestras palabras y vuestra comprensión.
Publicar un comentario